¿No quieres digitalizarte? Eso es que no conoces el “caso Blockbuster”

En el momento en el que se están escribiendo estas líneas estamos en el año 2018. Un momento en el que la digitalización parece que es algo aceptado por todos. O al menos así debería ser. Porque, lo queramos o no, todavía son muchas las grandes corporaciones, no mencionamos ya las PYMEs o a los autónomos, a las que les cuesta dar ese paso.

Una reticencia que suele ser consecuencia de dos ideas preconcebidas. ¿Por qué se va a cambiar algo que está funcionando? ¿No suena muy caro todo lo que tiene que ver con la digitalización?

Estas dos preguntas podrían tener sendas respuesta desde un punto de vista técnico. Sin embargo, lo que vamos a hacer, y creemos que es lo mejor, va a ser poner sobre la mesa lo que se ha denominado como “caso Blockbuster”. Sí, esa cadena de vídeoclubs que, casi por arte de magia, desapareció por completo de la faz de la Tierra.

Antes de entrar al 100% al tema quisiéramos dedicar este artículo del blog a unos de nuestros referentes en el marketing digital y la digitalización empresarial: Juan Merodio. Donde viendo su canal de youtube surgió este artículo. Sin lugar a duda como dice el: “cuando pienses que no debes adaptarte y evolucionar pues todo va perfecto, piensa en Blockbuster”. Además hace ya algunos meses que estamos en su canal de Patreon, donde personalmente realiza artículos muy personalizados a demanda, e incluso videoconferencias personales. Gracias Juan por ser un gran informador de la temática.

¿Cuál era el concepto de negocio de Blockbuster?

La verdad es que esta es la parte más sencilla de todas. Blockbuster era una cadena de establecimientos en los que se podían alquilar películas físicas. Una cadena que, la verdad sea dicha, supo ser protagonista dentro de un sector que siempre había existido. No en vano, hay que admitir que hicieron muchas cosas bien.

  • Si de algo tiene que presumir un establecimiento de alquiler de películas es de tener un catálogo amplio. Y esto era algo que Blockbuster tenía, sin lugar a dudas.
  • Se incorporó un sistema de devoluciones realmente novedoso. El usuario ya no tenía que esperar largas colas. Se le proporcionaba un buzón en el que podía depositar la película que había alquilado. Una posterior revisión, mediante un lector de código de barras hacía el resto y detectaba si la devolución se había llevado a cabo dentro del plazo estipulado.
  • La publicidad también fue un acierto. Una gran inversión a todos los niveles que transmitía la sensación de que Blockbuster era lo más moderno que había en el momento. Y en realidad lo era. Además, te hacía ver que “molaba” mucho alquilar allí sus películas.
  • Incluso diversificaron su negocio en algunos países. Sin ir más lejos, en España, también alquilaban vídeojuegos. Incluso, en el mismo establecimiento podías comprar todo lo que un aficionado al cine podía necesitar: palomitas y refrescos.

Entonces, si todo era perfecto, ¿cuál fue el error que llevó a Blockbuster a desaparecer en todo el planeta? Justo lo que estás pensando: la digitalización o, mejor dicho, la falta de ella.

Falta de adaptación a un nuevo contexto

No nos vamos a engañar. El sector seguía mejorando de manera exponencial. Las ficciones de la pequeña y de la gran pantalla proliferaban por doquier. Ese no era el problema. La demanda seguía existiendo. La cuestión es que la demanda había cambiado. El usuario había cambiado. Ahora no necesitaba las mismas cosas que antes. Un cambio de paradigma que Blockbuster no supo, o no quiso ver.

No se podía atender a todos los usuarios

Los usuarios comenzaban a estar descontentos por varios motivos. Acudían a su Blockbuster más cercano y se daban cuenta de que la película que querían ver no estaba disponible. Pocas copias del film de moda. ¿Había merecido la pena desplazarse hasta allí? En otros casos ni siquiera encontraban la película de su actor favorito. Sencillamente no estaba. Sería muy costoso ampliar el catálogo al mismo tiempo que crecía la industria del cine. Pero es que además, el precio del alquiler subía y subía. Demasiadas trabas para un usuario que ya notaba que ese modelo de negocio estaba obsoleto.

Los costes se podían disparar

Pero es que, en el caso de que se quisiera dar servicio a todos ellos, había que poner algunas cuestiones sobre la mesa. ¿Cuál era el coste de adquirir más películas? ¿Cuál era el coste de las infraestructuras que pudieran albergarlas? ¿Cuál era el coste del personal necesario para gestionarlo?

La manera de consumir contenidos estaba cambiando

Otro detalle clave fue la expansión de internet y de los dispositivos móviles. Cada día eran más los usuarios los que podían acceder a una conexión en cualquier lugar del planeta y consumir contenidos a la carta. Esas eran las palabras clave: contenidos a la carta.

caso blockbuster

Y en esto que… ¡llegó Netflix!

¿Y si pudiéramos tener todas las copias del mundo, todas las películas, series y documentales del mundo y pudieran estar disponibles a cualquier hora? ¿Y si además esto no supusiera un precio excesivo? Esta fue la idea de Netflix. Pero claro, ellos sí estaban dispuestos a digitalizarse. Pasar del formato físico, de la cinta VHS o del DVD, a una sucesión de unos y de ceros que campaban a sus anchas por internet.

Esto no quiere decir que el modelo de negocio de Netflix no tuviera riesgos. Sin embargo, el coste de la logística virtual (servidores, portales web, etc) era menos que el coste de mantenimiento de una infraestructura física. Un ahorro que podían invertir en ampliar su catálogo de manera diaria y ofrecer unos precios competitivos.

En casa, en la playa, en la montaña, en el trabajo (bueno aquí no), o en el tren. Ahora se podía ver una película en cualquier lugar. Ya no había penalización por entregar una cinta con retraso. No tenías que hacer colas y toparte con que tu película no estaba disponible. Y todo ello con la ventaja de que tú eras el amo y señor de tus contenidos.

Los resultados están ahí. No solo es la mayor plataforma de contenidos en streaming del mundo sino que han podido, incluso, crear una productora propia. De aquí se desprende que entender al usuario, comprender la evolución de los paradigmas y, al mismo tiempo, llevar a cabo un plan de negocio acorde con los tiempos que corren, es vital. ¿Todavía crees que la solución pasa por no digitalizarse?

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